domingo, 22 de mayo de 2011

Desafíos de la innovación japonesa

La especialista en economía japonesa y académica de la Universidad de Marburg, Alemania, Cornelia Storz, analiza el desgaste del sistema de innovación japonés en relación a la industria del software genérico en la que los nipones son débiles en competitividad: sólo hay una firma japonesa entre las 20 más importantes.
A juicio de Storz, esto podría ser peligroso pues –según la OCDE- el desarrollo de TICs es entendido como un motor de crecimiento. Esta carencia podría derivarse del sistema cerrado de los keiretsus cuando el dinamismo de la industria del software requiere mayor flexibilidad, y –acota la economista- en un sistema de innovación no es tan fácil de introducir cambios.

No obstante, la académica apuesta por lo que se ha hecho en un campo específico: la industria de los videojuegos, en la cual Japón es fuertemente competitivo. Así lo han demostrado compañías como Nintendo y Sony Computer Entertainment que no producen por sí solas el videojuego, sino que cuentan con una cadena de editores y desarrolladores independientes. Los primeros desarrollan y producen el videojuego, mientras que los desarrolladores sólo se encargan de mejorarlo.

En la elaboración del videojuego se reedita el sistema de innovación japonés que aprovecha mano de obra periférica para un negocio común. Sin embargo, esta forma de trabajar implica nuevos desafíos para el modelo japonés, puesto que en la creación de un videojuego la creatividad individual juega un rol central y el desarrollo de proyectos específicos, lo que ha abierto nuevas oportunidades para las pymes que pueden desarrollar videojuegos –por ejemplo- para móviles. Este nicho industrial ha sido apoyado enérgicamente por el MITI y viene a engrosar el concepto de “Cool Japan”, que potencia la imagen de vanguardia nipona a través de sus productos culturales.

Ya en otro plano, se ha mencionado la necesidad de una mayor apertura del gasto en I+D que realizan corporaciones japonesas en el extranjero, es decir, una mayor inversión en filiales para adaptar sus productos a los requerimientos de los consumidores locales, lo que –según se ha demostrado- también genera un excedente de conocimiento tanto en el país inversor como en el país destinatario.

Según dice el investigador Ito Barni, Japón sigue siendo uno de los países miembros del OCDE con más baja colaboración de investigación transfronteriza, medido por patentes compartidas. “Miraré de cerca cómo el diálogo político logra abrir el sistema nacional de innovación de Japón, un país con alta tecnología, al resto del mundo”, concluye Banri.


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